¿En dónde se han metido todos? Hace mucho que no leo nada de ustedes y me tiene preocupada no saber qué hacen los pobres salvajes en el mundo occidental. Leyendo un texto sobre nación y género me he comenzado a preguntar cuál es nuestro "status" en las tierras lejanas. Según la autora, a la que no conviene citar a menos que entre sus planes esté entrar a la maestría del PIEM, se debe diferenciar entre una diáspora y las comunidades en el exilio. La reflexión no es nada novedosa (ni pretendía serlo); la diáspora se encuentra comprometida con el lugar en donde vive, pero guarda lazos afectivos con la que considera su nación; los exiliados han sido obligados a salir de su hogar, pero no sienten compromiso alguno con el nuevo país que los "hospeda". La diferencia es aún más clara cuando distinguimos los sentimientos hacia la nación que ambos grupos albergan. Para la diáspora la nación representa un lugar no tangible que despierta sentimientos de solidaridad y de pertenencia a una comunidad, usando como siempre a "Ben" Anderson, imaginada. Para la comunidad en el exilio la nación es algo tangible: la casa, las calles y la gente con nombre y apellido a las que se espera con nostalgia regresar.
Siendo así, me siento cercana al exilio. Extraño mi departamento y a mi fabuloso compañero (con nombre y apellido: Monsi), a los tacos de canasta, a las retas en el Mario Kart, a la ardilla que rondaba por la Alfonos Reyes, al pelonchas entomatado por las discusiones con Pablito, a la comida de siete pesos que iba acompañada de buenas conversaciones entre siete en una mesa para cinco, a mi adicción a los Red Bulls que Aramís tan amablemente se encargó de inculcar, a Dubbe bailando salsa, rock and roll, hip hop... todo lo baila igual, a Martínez y su "qué pasó papá", a los reventones que invitaba Gustavo (qué buen colmillo tiene para eso), al carisma de Sara, a la sonrisa de Sofía, a los consejos de Cata, a las bromas de Alonso, a la sirena humana de Pablito, a los abrazos de Yuna, al grito de "mamá Gaby" de Luispa, al japonecito enseñándome de música, a Verito escuchándome y tomando mi mano, a los ojos de María siempre diciendo algo, a Raudel poniendo en aprietos a los profesores, a Mara siempre sorprendiendo con su increíbles reflexiones, a Chema leyendo mis sentimientos, a Jordy entusiasta, a Soffía y su levedad, a Molina y sus risas contagiosas, a Fer y su cara que no admite rasgos de tristeza, a Alba diciendo "corazón" y claro a VILLALPANDO por todos estos años de amistad y compañerismo.
Después de la lista un poco improvisada de adjetivos, comienzo a pensar que talvez soy parte de una diáspora. El conjunto de lo que extraño ya no es tangible, se convirtió en una comunidad imaginada. Ya no podré regresar a lo que durante cuatro años fue mi hogar.
Por lo pronto propongo una lista del recuerdo, cada uno enumere un par de cosas que su memoria atesore mucho.
Auf wiedersehen!
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2 comentarios:
Por mucho, el mejor post de este blog.
Gaby!! Yo te agarro a abrazos en cuanto pisemos las dos tierras tenochcas! Mientras tanto te mando uno enorme enorme :)
Estoy de acuerdo con que tenemos ya más rasgos de una comunidad imaginada que de otra cosa. Hoy me agarró la nostalgia, y la melancolía que suele ser agridulce. Me eché en mi futón, apagué la luz y me dediqué a oir llover (en México me encantaba hacer eso)...Y me acordé de un capítulo de El Principito que mi mamá me repitió hasta el cansacio. Me alejo brutalmente de las ciencias sociales, pero qué importa, siempre regresamos a donde nos sentimos tranquilos y seguros; y los tiempos en que leía el Principito eran simplemente así.
Ya se saben la historia todos, sin embargo, mi parte preferida es el encuentro entre la zorrita y el principito. Cuando se despiden, a la zorrita se le asoman un par de lágrimas; y el principito le dice que si va a llorar entonces era absurdo insistir tanto en que quería ser domesticada por el principito. Y ella le contesta que un par de lágrimas son normales, pero que salió ganadora del encuentro porque, hasta entonces, el color del trigo no le recordaba nada, y desde ese momento, cada vez que mirara los campos de trigo recordaría el cabello del principito y le alegraría el corazón...
Mi cursilería sirve para decir justamente eso: al leer tu post, o ver fotos de estos últimos cuatro años, recordar los días que parecían horas y las horas que parecían semanas, no puedo más que sonreír. Y estoy feliz y agradecida por haber pasado por allí con todos ustedes.
Creo que fueron grandes años. Ya nos reinventaremos en los años que vendrán, reiventaremos los lugares de reunión y las dinámicas, pero el camino al Ajusco, cualquier señora que se llame Doña Flor, cualquier Viene Viene medio sospechoso, cualquier sushi con karaoke (aunque dudo que existan muchos) me traerán de vuelta those good years...:)
Cheers y un abrazo muy grande desde París!
Aunque se les extraña,...eso que ni qué...:)
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