De
regreso a México, coincidió que una niña del Tec en Monterrey que también había
ido de intercambio a la Université de Montréal iba en el mismo vuelo que yo.
Dijo que sabía que yo había estado también de intercambio porque me vio en una
junta para dar consejos a los montréalais que se van a ir a estudiar a México
el siguiente semestre. 'Mira, qué chiquito es el mundo', me dijo cuando ya casa
quien se fue por su lado en el aeropuerto de México; yo le dije que, más bien,
lo que era chiquito era Montréal.
Y, al final también resultó que yo tenía razón. A nadie, ni siquiera a los
québécoises les queda muy claro cuál es su identidad. El francés está siendo
una minoría cada vez más pequeña en Montréal, y las otras ciudades de la
provincia son muy chicas. La poutine, bueno, pues francamente no tiene mucho
chiste ponerle queso y salsa gravy a papas fritas, y decir que ese es el
'platillo' típico de la región. Y la flor de lis, que yo pensaba era el
verdadero símbolo de la provincia, donde realmente estaba institutiocionalizada
la herencia francesa (en todos los documentos oficiales provinciales,
incluyendo la bandera y el letro que dice 'bienvenue au Québec' en la
carretera, sale la flor de lis), dicen que es muy probable que sea una especie
de rana estilizada, porque en los tiempos de Clovis, el primer rey de
'francia', tenia a sus tropas vestidas de color verde, o porque entonces se
comían muchas ranas. Una de las québécoises que concí me dijo que, incluso,
algunos de sus amigos anglófonos la llamaban 'froggy'; ella, en venganza, los
llamaba 'square-heads.' Entonces, resulta que quién sabe cuál es la identidad
verdadera de la provincia, si es que la hay; y, si sí, es probable que sean las
ranas.
De todas formas, parece ser que no me tocó un invierno tìpicamente québécois;
el problema es que nadie se pone de acuerdo por qué. Unos dicen que fue la
nieve, que cayó muchísima (tampoco se ponen de acuerdo: unos decían que no
nevaba tanto sino desde los 70, y otros que desde los 50) y que fue por eso que
todavía en abril había bastante, pero que en realidad no hizo tanto frío. Otros
dicen que el que hubiera tanta nieve se debía a que hacía mucho frío, y a
condiciones especiales que hicieron que todavìa elk 13 de abril nevara más o
menos fuerte (pero la nieve ya no se acumulaba en el suelo) y que el lunes
pasado nevara muy ligero.
Entonces, creo que no queda de otra más que definir la ciudad por su
heterogeneidad en todos los aspectos. La gente que vive ahí (en verdad, de
todos los lugares del mundo; a cualquier lugar que fuera siempre había gente de
Asia, de Europa, de Àfrica y de América), para comer (las minorías más
importantes tenían sus rentorancillos. Pero dudé un poco de que fuera comida
realmente típica de ese lugar; en el restaurante de fast food mexicano que se
llama 'los días' (mhh... alguien pensó que decir 'Los días' era muy
mexicano...) había burritas de chili con carne y pollo con arroz. Eso sí se
come en México, pero hay cosas mucho mucho más mexicanas que eso (y que, de
hecho, las encontré, pero también muchisisisisísimo más caras. Penè que sólo
iba a pagar 14 dlls canadienses (más caro que el dolar gringo) más impuestos
más propina (al final, como 20 dlls) por unos chilaquiles si eran los
chilaquiles los MÂS ricos que jamás hubiera comido, pero dudé que eso sucediera
en Montréal. COmo que los chilaquiles y la nieve, creo, no combinan))
o las cosas que hay que hacer (que, en general, son carísimas también.
Difícilmente se encontraban atracciones gratis o baratas. Los mejores precios,
ya con descuento de estudiante, eran 5 dlls. Por eso aproveché los momentos en
los que los museos era gratis, o me colé entre sabiendo y sin saber al jardín
botánico (pero ahí sí hubiera pagado los 10 dlls de entrar, poque me gustó
mucho).
Tal vez por esa heterogeneidad, que vi muchas, muchas cosas en muy poco tiempo
es que como que no me acabo de creer lo que pasó. Todavía hace dos días pisé
nieve y comí un helado de maple con nuez. Fue un momento muy romántico en el
sentido más ampli, y hay muchas cosas que sí voy a extrañar: hablar en muchos
idiomas en un solo día, pagar con monedas y billetes con la cara de la Reina,
usar cubiertos de plástico, pagar 2 dlls por subirse al metro que se tardaba
hasta 10 minutos en pasar, comer maple, usar hojas de papel que ya no servían
como manteles y ese sentimiento extraño que da saber el que, al menos al
llegar, a absolutamente nadie le importa en lo mínimo si tienes qué comer, cómo
te sientes o si llegaste a dormir, aunque fuera al día siguiente. Además, fue
un semestre medio esquizofrénico, donde hubo muchos contrastes, otra vez en muy
poco tiempo: me sentí totalmente solo, como en familia, tuve hambre, comí hasta
que ya no podía ni pararme de la mesa, tuve un frío que no sabía que existía,
tuve mucho calor, me aburrí mucho, me divertí mucho y otras cosas que ya no me
acuerdo porque me desperté hace poco más de una hora y acabo de desayunar
(poquito; es triste, me da mucha hambre pero se me quita con cualquier cosita
que coma, ni modo, así es la vida de estudiante (que ya no soy) becado en el
extranjero por el Estado Mexicano). Esas dos cosas, lo romántico y los
contrastes, creo que son las que hacen que no me acabe de creer lo que pasó, y
que lo vea como irreal. No sé si como un sueño, eso tal vez sería mucho
(aunque, de todas formas, en Traumnovelle, que les recomiendo mucho leer,
Arthur Schinitzler dice que ningún sueño es totalmente un sueño), pero yo sé
que en verdad pasó y que muchas cosas, de alguna forma u otra, van a cambiar
(también en Traumnovelle, dicen que la realidad ni siquiera de toda una vida es
la verdad màs profunda; habrá que esperar un poco para entender bien lo que
fueron los cuatro meses pasó.
Tal vez lo que siento ahora es una especie de combinación entre 'Heroes' (we
can be heroes, just for one day, dice el pensador Mr. Bowie, y así se siente (y
es, francamente) uno cuando entrega el último examen de la licenciatura y dan
ganas de decir a todos 70 québécoises que quedan en el salón 'ustedes se
quedan, yo me voy - JA!' (mhhh... o algo así)) y 'absolute beginers
'we're absolute beginers, with nothing much at stake'). Y, seguro, que como
dicen las placas de Québec (je me souviens), por todas esas razones y muchas
otras vaya que me acordaré siempre de cuando, aunque suene a copia chafísima de
novela de García Márquez, cuando gracias al gobierno mexicano era 13 de abil
(y, aunque menos, también 28 de abril) seguía viendo nevar.
À bientôt!