miércoles, 16 de junio de 2021

Vaciando el correo de Gmail

En estos días Gmail me ha pedido disminuir la cantidad de espacio que uso de sus servicios, y ya que no estoy dispuesto a reducir la cantidad ridícula de fotos, he encontrado notificaciones de este blog con toda la intención de eliminarlo todo, hasta que en un momento me dio por escribir. Si las cuentas de la función “Days” en Excel son correctas, el último post de este espacio tiene 4,626 días de haber sido escrito. ¿Cuántos viajes habrán sucedido desde entonces? ¿Qué habrá pasado con toda esa gente en todo este tiempo? Podemos vivir aventuras enteras en un par de horas o sentir los dolores más profundos en un par de minutos, ¡he visto morir a alguien en menos de dos segundos! Más de 4600 días parece una vida.

Para mi este ejercicio de borrar ha significado explorar las más de 32,000 páginas de correos que se acumulan en más de un millón y medio de mensajes que han ido y venido en los últimos 14 años de mi cuenta de correo. ¿Cuántos viajes han sucedido para mí? Más de los que hubiera podido soñar en 2008, o en las siguientes dos vidas, y todos parecen estar en correo. Hay momentos que siento que todos los días vivo de viaje en una ciudad que se parece tan poco al lugar donde he crecido. Planear vacaciones suena tan extraño porque desde que salí de México en 2015 me siento en un viaje que nunca termina. Al mismo tiempo, este viaje se parece mucho a casa. El sur de Alemania por supuesto que no habla mi idioma, no tiene los veranos lluviosos o los ruidos del carrito de camotes, pero encuentro algo muy familiar aquí.

¿Cuántas notificaciones generará este blog? En este mundo de impactos infinitos uno nunca sabe donde se obtendrá una respuesta. Volveré a vaciar mi correo de Gmail.


sábado, 16 de abril de 2016

à la maison



De regreso a México, coincidió que una niña del Tec en Monterrey que también había ido de intercambio a la Université de Montréal iba en el mismo vuelo que yo. Dijo que sabía que yo había estado también de intercambio porque me vio en una junta para dar consejos a los montréalais que se van a ir a estudiar a México el siguiente semestre. 'Mira, qué chiquito es el mundo', me dijo cuando ya casa quien se fue por su lado en el aeropuerto de México; yo le dije que, más bien, lo que era chiquito era Montréal.

Y, al final también resultó que yo tenía razón. A nadie, ni siquiera a los québécoises les queda muy claro cuál es su identidad. El francés está siendo una minoría cada vez más pequeña en Montréal, y las otras ciudades de la provincia son muy chicas. La poutine, bueno, pues francamente no tiene mucho chiste ponerle queso y salsa gravy a papas fritas, y decir que ese es el 'platillo' típico de la región. Y la flor de lis, que yo pensaba era el verdadero símbolo de la provincia, donde realmente estaba institutiocionalizada la herencia francesa (en todos los documentos oficiales provinciales, incluyendo la bandera y el letro que dice 'bienvenue au Québec' en la carretera, sale la flor de lis), dicen que es muy probable que sea una especie de rana estilizada, porque en los tiempos de Clovis, el primer rey de 'francia', tenia a sus tropas vestidas de color verde, o porque entonces se comían muchas ranas. Una de las québécoises que concí me dijo que, incluso, algunos de sus amigos anglófonos la llamaban 'froggy'; ella, en venganza, los llamaba 'square-heads.' Entonces, resulta que quién sabe cuál es la identidad verdadera de la provincia, si es que la hay; y, si sí, es probable que sean las ranas.

De todas formas, parece ser que no me tocó un invierno tìpicamente québécois; el problema es que nadie se pone de acuerdo por qué. Unos dicen que fue la nieve, que cayó muchísima (tampoco se ponen de acuerdo: unos decían que no nevaba tanto sino desde los 70, y otros que desde los 50) y que fue por eso que todavía en abril había bastante, pero que en realidad no hizo tanto frío. Otros dicen que el que hubiera tanta nieve se debía a que hacía mucho frío, y a condiciones especiales que hicieron que todavìa elk 13 de abril nevara más o menos fuerte (pero la nieve ya no se acumulaba en el suelo) y que el lunes pasado nevara muy ligero.

Entonces, creo que no queda de otra más que definir la ciudad por su heterogeneidad en todos los aspectos. La gente que vive ahí (en verdad, de todos los lugares del mundo; a cualquier lugar que fuera siempre había gente de Asia, de Europa, de Àfrica y de América), para comer (las minorías más importantes tenían sus rentorancillos. Pero dudé un poco de que fuera comida realmente típica de ese lugar; en el restaurante de fast food mexicano que se llama 'los días' (mhh... alguien pensó que decir 'Los días' era muy mexicano...) había burritas de chili con carne y pollo con arroz. Eso sí se come en México, pero hay cosas mucho mucho más mexicanas que eso (y que, de hecho, las encontré, pero también muchisisisisísimo más caras. Penè que sólo iba a pagar 14 dlls canadienses (más caro que el dolar gringo) más impuestos más propina (al final, como 20 dlls) por unos chilaquiles si eran los chilaquiles los MÂS ricos que jamás hubiera comido, pero dudé que eso sucediera en Montréal. COmo que los chilaquiles y la nieve, creo, no combinan)) o las cosas que hay que hacer (que, en general, son carísimas también. Difícilmente se encontraban atracciones gratis o baratas. Los mejores precios, ya con descuento de estudiante, eran 5 dlls. Por eso aproveché los momentos en los que los museos era gratis, o me colé entre sabiendo y sin saber al jardín botánico (pero ahí sí hubiera pagado los 10 dlls de entrar, poque me gustó mucho).

Tal vez por esa heterogeneidad, que vi muchas, muchas cosas en muy poco tiempo es que como que no me acabo de creer lo que pasó. Todavía hace dos días pisé nieve y comí un helado de maple con nuez. Fue un momento muy romántico en el sentido más ampli, y hay muchas cosas que sí voy a extrañar: hablar en muchos idiomas en un solo día, pagar con monedas y billetes con la cara de la Reina, usar cubiertos de plástico, pagar 2 dlls por subirse al metro que se tardaba hasta 10 minutos en pasar, comer maple, usar hojas de papel que ya no servían como manteles y ese sentimiento extraño que da saber el que, al menos al llegar, a absolutamente nadie le importa en lo mínimo si tienes qué comer, cómo te sientes o si llegaste a dormir, aunque fuera al día siguiente. Además, fue un semestre medio esquizofrénico, donde hubo muchos contrastes, otra vez en muy poco tiempo: me sentí totalmente solo, como en familia, tuve hambre, comí hasta que ya no podía ni pararme de la mesa, tuve un frío que no sabía que existía, tuve mucho calor, me aburrí mucho, me divertí mucho y otras cosas que ya no me acuerdo porque me desperté hace poco más de una hora y acabo de desayunar (poquito; es triste, me da mucha hambre pero se me quita con cualquier cosita que coma, ni modo, así es la vida de estudiante (que ya no soy) becado en el extranjero por el Estado Mexicano). Esas dos cosas, lo romántico y los contrastes, creo que son las que hacen que no me acabe de creer lo que pasó, y que lo vea como irreal. No sé si como un sueño, eso tal vez sería mucho (aunque, de todas formas, en Traumnovelle, que les recomiendo mucho leer, Arthur Schinitzler dice que ningún sueño es totalmente un sueño), pero yo sé que en verdad pasó y que muchas cosas, de alguna forma u otra, van a cambiar (también en Traumnovelle, dicen que la realidad ni siquiera de toda una vida es la verdad màs profunda; habrá que esperar un poco para entender bien lo que fueron los cuatro meses pasó.

Tal vez lo que siento ahora es una especie de combinación entre 'Heroes' (we can be heroes, just for one day, dice el pensador Mr. Bowie, y así se siente (y es, francamente) uno cuando entrega el último examen de la licenciatura y dan ganas de decir a todos 70 québécoises que quedan en el salón 'ustedes se quedan, yo me voy -  JA!' (mhhh... o algo así)) y 'absolute beginers 'we're absolute beginers, with nothing much at stake'). Y, seguro, que como dicen las placas de Québec (je me souviens), por todas esas razones y muchas otras vaya que me acordaré siempre de cuando, aunque suene a copia chafísima de novela de García Márquez, cuando gracias al gobierno mexicano era 13 de abil (y, aunque menos, también 28 de abril) seguía viendo nevar.

 À bientôt!

Cosas que nunca subí =( Quebec


Québec es un lugar kitsch y los québécoises son muy naive. Bueno, esa es en este momento del lugar donde estoy, aunque no la fue desde el inicio y espero que después vuelva a cambiar.

Y es que ni siquiera me queda muy claro qué es Québec, como que le tiran para muchos lados. Cuando llegué, cuando me bajaba el avión, pensé "bueno, ahora sí este es el primer mundo." Confirmé esto cuando todos, absolutamente todos los letreros, desde la guía para llenar el formulario donde declaraba que no estaba importando especies en peligro de extinción ni medicinas extranias hasta el letrerito de los teléfonos, todos estaban en inglés y francés. Supuse que esa podía ser una razón por la que Canadá (o, mejor Québec) era uno de los lugares más pro del mundo; todo se los dicen dos veces, y si no les queda claro a la primera, pues a la segunda sí pero en otro idioma. Además, todos muy amables.

Pero luego empezaron a salir las cosas kitsch (mhhh... bueno, muchas de esas cosas me parecen kitsch porque no puedo evitar hacer las comparaciones con México). Por ejemplo, que las monedas tengan de un lado la cara de la Reina y, del otro, animalitos: castores, alces, osos polares y patos. Eso no puede ser serio, sobre todo la moneda donde salen la Reina y el castor (la de cinco centavos). Por un momento les iba a perdonar eso, porque vi que estaban sacando una especie de serie especial de monedas conmemorativas de los Juegos Olímpicos de Vancouver en dos anios (noten que ya encontré el acento agundo solito, sólo me falta la estúpida egne); de un lado, del de la Reina, están los aros (bueno, esto sí es más serio, al menos más que los castores y patos) y del otro lado algún deporte. Lo que hizo que me arrepintiera de pensar que las monedas se esataban volviendo serias es que las únicas que me han tocado son de curling y de curling paralímpico, los dos deportes más chafas del mundo y que tanto fascinan aquí.

También están las noticias, esas sí más local. Hay un periódico que parece ser que lo consideran como el Excelsior en sus buenos tiempos. Bueno, su encabezado el otro día (mhhh... no sé si así sea en provincia en México, pero aquí sale un periódico para todo el fin de semana; o sea que el el mismo el del sábado que el del domingo) en la edición de internet decía que un actor québécois que sale en la nueva película de Ásterix, Ásterix en los Juegos Olímpicos, fue a la premiere en Paris, y luego estaba el link para leer la nota completa. Y de lo más importante en la sección de política ha sido que el diriginte de un partido dijo que si no se arreglaba la situación, iba a haber elecciones (mhhh... bueno, si un posible resultado de las elecciones fuera el triunfo de un partido fascista, pues sí me asustaría, pero si las opciones son el Partido COnservador y el Bloc Québécois, pues, francamente...). Además, la marca libre de un súper se llama "Le Choix du Président"; yo no sé muy bien de qué presidente hablan, si aquí nunca ha habido uno o por qué, si son una monarquía, suponen que la elección del presidente vale la pena para imitar.

Y hay unas pequenias diferencias en las similitudes con México. La verdad, me metí a un McDonald's a ver si tenían Royal with Cheese o Quarter Pounder (es que tampoco me queda claro qué sistema de medición usan; como que le tiran para los dos lados, porque en masa usan en inglés pero en distancia usan el métrico); tenían Quarter Pounder, Quart de Livre, pero sí vendían alcohol, como en todos los lugares de fast food. También fui al Lac des Castors y a Mont Royal. Llegué a la conclusión de que es como el Chapultepec de aquí, donde todos van a pasear en domingo y llevan a sus ninios a que jueguen. Sólo que en lugar de haber trenecito de 20 pesos la vuelta y unos juegos de metal todo oxidado y despintado, hay un trineo jalado por un caballón de miedo que cuesta 35 dlls media hora, y esquíes de fondo y patines y trinenos y como colchones para tirarse en toboganes de nieve. Y, bueno, las senioras nice también se van a caminar a Mont Royal (mhhh... tal vez como sería en la Alameda en tiempos de Maximiliano o de don Porfirio o sería ahora si se privatizara...), con sus abrigones de piel (de castor, seguramente, que no se hagan (también hay pobres y gente mendigando, pero como también traen unas chamarronas, pues no se ven tan fácil, falta que se le acerquen a uno para pedirle dinero)). Y bueno, obviamente a menos 13 grados no había ningún Lac de Castors; todo estaba o congelado o cubierto de nieve, y los castores o sobre los hombros de las senioras nice o hibernando. Y también tiene un balcón enfrente de un chalet para ver toda la ciudad, como en Castillo de Chapultepec. Y ese balcón tiene una placa donde dice "Y aquí fue donde Jacques Cartier se puso a ver el infinito, le gustó tanto la vista y dijo ' aquí vamos a poner una ciudad y se va a llamar Mont Royal' ", como el Castillo de Chaoultepec con la placa donde cayó el ninio héroe en la bandera.

Bueno, también está el shock de llegar a una universidad de verdad. Me siento un poco como THX1138, un personaje de una película de George Lucas. YO soy ESTP31088508, es el código permanente que me piden para todo, para hacer un trámite, para entregar un trabajo, para entrar a un examen.... Sólo uin maestro se va a molestar en aprenderse nuestros nombres (bueno, es que en las otras clases somos más de 50 personas), y las clases son en auditorios con una acústica increíblemente mala. Ah, y les iba a decir desde la otra vez, que hay un maestro al que le fascinan los gatos, y en cada presentación de power point, al incio, pone uno. Y me sigo perdiendo en los pasillos.

De todas formas, todo eso, aunque sea medio kitsch, pues lo estoy conociendo y es nuevo, y eso, por sí sólo, está bien. Bueno, ahí se ven, que voy a comer poutine.

sábado, 18 de octubre de 2008

Terminó el viaje?

Hace diez meses abrí este espacio con la única intención de saber qué pasaba con la vida de cada uno de ustedes, personas que habían sido bien importantes para mi los últimos cuatro años (trataré de no ponerme melancólico). Me alegra saber que algunos respondieron, me alegra también que muchos más lo leyeran. No importaba el lugar del mundo, siempre era alentador recibir noticias, comentarios, chismes, crónicas o alguna reflexión extremadamente inteligente sobre lo que pasaba en el mundo... más allá del messenger me sentía orgulloso de saber que dedicaban unos minutos de su preciado tiempo para continuar con esta aventura llena de nostalgia.

Hoy han pasado 5 meses desde el último post... cada quien ha emprendido su viaje personal y ahora las noticias, comentarios, chismes, etc. son más de cada uno que de los que tuvimos la dicha de compartir experiencias en los últimos cuatro años...

La agenda cambió para todos y el viaje continua, ha sido un placer ser parte de la tripulación o de los pasajeros (eso depende de cada uno), pero ahora los vuelos son más lejanos y más largos, más personales y espero que mucho más enriquecedores. Cada quien viajará hacia donde ha querido hacerlo siempre y espero tener un pequeño espacio en su ocupada agenda de viaje... tener un poco de su equipaje y compartir las coincidencias en el momento en que podamos.

Porque siempre seguiremos viajando...

miércoles, 14 de mayo de 2008

Después de todo el seguro médico es necesario

No puedo decir que me haya sorprendido, pero me acuerdo que, una de las cosas en las que más se insistía a la hora de pedir la visa y poder inscribirse en la universidad era el seguro médico. Se me hacía extraño que la universidad te pidiera contar con uno, si el trámite para la visa ya te lo pedía. Debo de confesar que de no haber sido uno de los requisitos para poder venir, no se me hubiera ocurrido comprar uno, pues después de todo quién piensa que se va a enfermar o va a ocurrir un accidente a la hora de planear un intercambio? Sin embargo ahora lo agradezco. De no ser por la insitencia de la embajada y la universidad ahora tendría una cuenta de hospital bastante grande que pagar (o bueno al menos espero que no la tenga que pagar, no estoy segura todavía =P).
Al principio pensé que el dolor se iría, que simplemente me había sentado en una mala posición o que me había golpeado. La verdad no tenía ganas de ir al doctor, digo quién quiere ir al doctor cuando está en un país extraño donde medio entiendes lo que te dicen? Qué pasa si el seguro no lo cubre? La verdad prefería gastar mi dinero en algo mejor.... digamos unas cervecitas y unos chocolates etc. Por otro lado, teniendo a medio Colmex por aquí, pude conseguir medicinas que hacían que el dolor fuera mínimo (gracias Jordy). Pero bueno, al final los analgésicos cedieron ante el dolor y la molestia que no me quedó de otra más que ir al hospital (era domingo así que no había doctor).
Primero que nada debo de decir que el sistema de salud alemán es sumamente burocrático. Primero te piden tus papeles, y comprueban que todo esté en regla antes de atenderte (en mi poca experiencia en los hospitales mexicanos, primero te atienden y luego te cobran, no sé qué es mejor, igual y los hospitales privados en México lo hacen así para poder cobrar más rápido) la verdad yo ya no aguantaba el dolor, y hubiera preferido que me atendieran rápido. Pero no. luego de entragar los papeles había que esperar a que te llamaran (que fue como una hora).
Creo que lo único que puedes pensar en momentos como este, es: Por qué tenía que pasar aquí! Por qué no en México donde está mi familia?... creo que uno se vuelve sumamente infantil, pero está justificado no? Eso sí tengo que agradecer que no fui sola, sino la experiencia hubiera sido mucho peor, seguro se me hubiera salido la lagrimita jajaja. (Gracias a todos los colmecas berlineses que han estado pendientes).
La operación salió bien, habrá durado 20 min en total, pero aún así me tuve que quedar un día más. Debo hacer notar que los doctores alemanes no dicen mucho, creo que se debe más bien a que era extranjera, pero a menos de que preguntara no me decían bien qué tenía, cómo había pasado (que hasta ahora sigue siendo un misterio), ni los cuidados que tenía que tener después de la operación. Por otro lado debo decir que los hospitales de por acá son más agradables que los mexicanos. Para empezar hay jardines muy lindos donde te pudes ir a dar la vuelta; se permite que los enfermos (si están en condiciones) estén todo el día fuera de sus camas (Yo tenía dos compañeras y ellas se la vivían fuera de la habitación paseando por medio hospital); no era necesario que los enfermos trajeran bata, de hecho ellas se la vivían en pants. Por último la estancia en el hospital es muy brata; son 10 euros al día incluyendo tres comidas! Así quien no quiere enfermarse!

martes, 6 de mayo de 2008

Mein neuer Post

¿En dónde se han metido todos? Hace mucho que no leo nada de ustedes y me tiene preocupada no saber qué hacen los pobres salvajes en el mundo occidental. Leyendo un texto sobre nación y género me he comenzado a preguntar cuál es nuestro "status" en las tierras lejanas. Según la autora, a la que no conviene citar a menos que entre sus planes esté entrar a la maestría del PIEM, se debe diferenciar entre una diáspora y las comunidades en el exilio. La reflexión no es nada novedosa (ni pretendía serlo); la diáspora se encuentra comprometida con el lugar en donde vive, pero guarda lazos afectivos con la que considera su nación; los exiliados han sido obligados a salir de su hogar, pero no sienten compromiso alguno con el nuevo país que los "hospeda". La diferencia es aún más clara cuando distinguimos los sentimientos hacia la nación que ambos grupos albergan. Para la diáspora la nación representa un lugar no tangible que despierta sentimientos de solidaridad y de pertenencia a una comunidad, usando como siempre a "Ben" Anderson, imaginada. Para la comunidad en el exilio la nación es algo tangible: la casa, las calles y la gente con nombre y apellido a las que se espera con nostalgia regresar.
Siendo así, me siento cercana al exilio. Extraño mi departamento y a mi fabuloso compañero (con nombre y apellido: Monsi), a los tacos de canasta, a las retas en el Mario Kart, a la ardilla que rondaba por la Alfonos Reyes, al pelonchas entomatado por las discusiones con Pablito, a la comida de siete pesos que iba acompañada de buenas conversaciones entre siete en una mesa para cinco, a mi adicción a los Red Bulls que Aramís tan amablemente se encargó de inculcar, a Dubbe bailando salsa, rock and roll, hip hop... todo lo baila igual, a Martínez y su "qué pasó papá", a los reventones que invitaba Gustavo (qué buen colmillo tiene para eso), al carisma de Sara, a la sonrisa de Sofía, a los consejos de Cata, a las bromas de Alonso, a la sirena humana de Pablito, a los abrazos de Yuna, al grito de "mamá Gaby" de Luispa, al japonecito enseñándome de música, a Verito escuchándome y tomando mi mano, a los ojos de María siempre diciendo algo, a Raudel poniendo en aprietos a los profesores, a Mara siempre sorprendiendo con su increíbles reflexiones, a Chema leyendo mis sentimientos, a Jordy entusiasta, a Soffía y su levedad, a Molina y sus risas contagiosas, a Fer y su cara que no admite rasgos de tristeza, a Alba diciendo "corazón" y claro a VILLALPANDO por todos estos años de amistad y compañerismo.
Después de la lista un poco improvisada de adjetivos, comienzo a pensar que talvez soy parte de una diáspora. El conjunto de lo que extraño ya no es tangible, se convirtió en una comunidad imaginada. Ya no podré regresar a lo que durante cuatro años fue mi hogar.
Por lo pronto propongo una lista del recuerdo, cada uno enumere un par de cosas que su memoria atesore mucho.
Auf wiedersehen!

lunes, 21 de abril de 2008

A petición popular


Saludos a todos los expatriados de El Colegio.
Durante ya algún tiempo he recibido peticiones de varios solicitando información de estas tierras neozelandesas en las que me encuentro. Pues bien: cedo ante dichos reclamos y me dispongo a ofrecer poco a poco un retrato altamente juicioso y verídico (científico, diría yo) de la vida en el mundo polinesio.
Las condiciones en estas islas diminutas y lejanas son extremosas. Los pocos habitantes blancos que razonamos y hablamos una lengua civilizada nos encontramos en una situación dificultosa tanto por el calor agobiante del sol del Pacífico -sólo algunas palmeras con cocos ofrecen refugio- como por la actitud hostil de la población maori local, cuyas prácticas caníbales aún no han sido abandonadas. (Irónicamente, el capitán Cook no les pareció del todo apetecible por allá en el siglo dieciocho; en cambio, los holandeses que bautizaron las islas fueron devorados inmediatamente.)
Realmente ha sido difícil avanzar con cualquier empresa: los productos básicos escasean cuando no llega el barco de Australia o cuando los pescadores no tienen suerte, la universidad es inutilizable cuando sus estructuras de madera y palma son devastadas por las tormentas, los maori reclaman tributo cada tercer día con lanza en mano, y la renta de la única computadora disponible es altísima (le pertenece a un escocés).
Con todo, los valientes inmigrantes ingleses han hecho grandes esfuerzos por cristianizar y civilizar estas tierras y han construido varios caminos modernos. Sin embargo, la mayoría son destruidos ya sea por las moas malintencionadas (avestruces de cuatro metros de altura) como por kiwis gigantes (véase foto: el letrero significa "cuidado: kiwi"). Aunque estos últimos son lindos, son una amenaza para nuestra especie, pues utilizan ese largo pico para succionar sangre y otros fluídos. Tememos por nuestras vidas, pero eso hace de esta experiencia algo especial.
Lo mejor son los entretenimientos nocturnos. Hay competencias de hula-hula, y las bailarinas son todo un espectáculo semidesnudo (desde luego las maori están emparentadas con las hawaiianas, pues descienden de un tronco común). Ahora mismo disfruto de un cocktail frutal en una hamaca en la playa y vendo algunas conchas en aras de mi supervivencia.
Seguiremos en contacto.